8.2.16

Respuestas

Todas las respuestas son provisionales.

Incluida ésta.

27.8.14

No rompas el encanto



Una calle en cuesta del Albaicín, de noche. La gente andando en los dos sentidos, y algunos parados de pie o sentados en los poyetes de los portales, o en el suelo. Oyes sus voces conforme te vas cruzando con ellos, tú  también andando, hacia arriba de la cuesta. El tono de las frases es coloquial.
Una pareja joven, de la mano, se cruzan contigo andando hacia calle abajo.
Él: “En Viena hay diez muchachas, un hombro donde solloza la muerte...”.
Ella: “Y un bosque de palomas disecadas. Hay un fragmento de la mañana...”.
Un hombre de pie, al grupo que está sentado: “...en el museo de la escarcha. Hay un salón con mil ventanas.”.
Una mujer que se asoma por la puerta, al hombre que está de pie: “¡Ay, ay, ay ,ay! Toma este vals con la boca cerrada.”.
El hombre de pie a la mujer de la puerta: “Este vals, este vals, este vals, este vals, de sí, de muerte y de coñac...”.
Un poco más arriba de la mujer ves a un hombre en el balcón, mirando hacia lo lejos: “...que moja su cola en el mar.”.
Desde dentro de la casa sale la voz de una mujer en la cama revuelta, al hombre del balcón: “Te quiero, te quiero, te quiero, con la butaca y el libro muerto...”.
Al mismo tiempo un grupo de chicos y chicas que te adelanta andando deprisa, hablando todos a la vez por parejas y tríos, interrumpiéndose mutuamente: “...por el melancólico pasillo, en el oscuro desván del lirio, en nuestra cama de la luna y en la danza que sueña la tortuga. ¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura.”.
Delante de ti se sientan en una mesa de una terraza retranqueada. Siguen conversando con entusiasmo, pisándose unos a otros, hasta que les interrumpe el camarero como preguntando lo que van a tomar.
Ellos: “En Viena hay cuatro espejos donde juegan tu boca y los ecos. Hay una muerte para piano que pinta de azul a los muchachos. Hay mendigos por los tejados. Hay frescas guirnaldas de llanto.”.
El camarero: “¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals que se muere en mis brazos.”.
Una de las chicas del grupo, dulce y mirando fijamente al camarero: “Porque te quiero, te quiero, amor mío, en el desván donde juegan los niños, soñando viejas luces de Hungría por los rumores de la tarde tibia, viendo ovejas y lirios de nieve por el silencio oscuro de tu frente.”.
La interrumpe un bozarrón de hombre. Son dos hombres jóvenes, andan abrazados, bebiendo de una lata, y hablan a gritos pero a cámara lenta, sus voces con volumen pero graves y arrastradas como en una reproducción lenta de una grabación. Su estruendo se mezcla con un ruido de fondo atonal y distorsionado. Ves los gestos de desagrado de los de alrededor, y a varios de ellos, incluido el camarero, llevándose el dedo a los labios pidiendo silencio, y los abrazados de la lata alejándose con un gesto despectivo.
El camarero vuelve a dirigirse al grupo de la mesa: “¡Ay, ay, ay, ay! Toma este vals del Te quiero siempre.”.
Y en la mesa van respondiendo de uno en uno, a modo de peticiones de consumición.
Uno: “En Viena bailaré contigo con un disfraz que tenga cabeza de río.”
Una: “¡Mira qué orilla tengo de jacintos!”.
Otra: “Dejaré mi boca entre tus piernas, mi alma en fotografías y azucenas, y en las ondas oscuras de tu andar...”.
Otro: “...quiero, amor mío, amor mío, dejar, violín y sepulcro, las cintas del vals.”.
Zoom hacia atrás y hacia arriba, con vista cenital de la calle y del barrio ampliándose gradualmente, y la voz de hombre en off “No rompas el encanto” y la de mujer “Porque la noche es para todos. Ayuntamiento de Granada”.

9.3.13

Saber y poder

Existen los síndromes de la "primera vez" y de la "última vez".

Hay una frontera en la vida antes de la cual todo se hace por primera vez. Aunque algunas cosas se repitan la sensación es que cualquier variación la hace distinta, y por lo tanto nueva y desconocida. Somos la promesa de uno mismo y todo, prácticamente todo, es posible. En la segunda parte de la vida hay otra frontera a partir de la cual la sensación es la contraria, que cada vez puede ser la última, y ya nada, o casi nada, sucederá.

En la primera parte se pasa de un acontecimiento a otro a saltos, bebiéndonos la vida a tragos, esperándolo todo de la vida, nada es necesario salvo la experiencia, cuanta más mejor, en cantidad. En la segunda se vive la vida a sorbos, disfrutando de cada instante como imprescindible, cada reflejo; poco se espera ya salvo la plenitud de lo que ya se conoce, pero puede ser más profundo, cuanto mejor más, en calidad.

Entre ambas fronteras puede haber un largo intermedio. Se dice que al principio todo es poder sin saber, y al final saber sin poder, pero en el medio se dispone de mucho de ambas cosas, y en ese ancho ínterin se puede navegar con éxito la fuerte marejada dejada por la galerna de la juventud con el barco antiguo y marinero, sabiamente gobernado, de la madurez.

Creo que, como todo lo que tiene que ver con la felicidad, depende principalmente de uno mismo: esa travesía puede tan larga e intensa como seamos capaces de conseguir manejar un barco que se deteriora progresivamente, y que indefectiblemente nos dejará un día varados en la última playa. Si antes no nos hemos estrellado contra las rocas, o contra otro barco, o una ballena, o nos ha rendido el mareo y el miedo a una navegación sin descanso en la búsqueda de un puerto que no existe. O sí.

10.7.12

Virus

"Es muy curioso el comportamiento de ese organismo. En realidad son millones de individuos formando un organismo con una sola voluntad. Invade organismos mucho mayores y se alimenta de ellos multiplicándose, mientras los enferma y debilita. El organismo mayor se defiende, pero la voluntad ciega del múltiple invasor es vencer esas defensas y seguir alimentándose y multiplicándose hasta que el invadido vence y le expulsa, o es vencido y muere exhausto. Lo curioso del asunto es que si el organismo mayor muere, el organismo múltiple también, al no tener de qué seguir alimentándose."


 "Sí, son curiosos los virus."


 "¿Virus? No, no estoy hablando de los virus."

22.12.11

la belleza es

encontrar el camino hacia tu boca

y allí a golpes de labios que acarician encender la promesa de tu cuerpo múltiple e interminable

14.7.11

No es el amor

"No nos une el amor sino el espanto"

18.3.11

Dormir

Se tumbó encima de las vías del tren y esperó. Poco a poco se fue encontrando más cómoda y acabó por dormirse.

Soñó con unas flores que flotaban en el agua. No eran nenúfares pero deberían serlo, más bien parecían narcisos, y de alguna forma estaban presentes, sabían que ella estaba con ellos pero aparentaban indiferencia.

Se introdujo en el agua hasta la cintura y no sentía la humedad, sólo la caricia fluida en los muslos, los genitales, el vientre. Oyó una canción que no recordaba haber oído nunca y no le sorprendió darse cuenta de que era ella la que cantaba. Era una nana, en una lengua que no reconoció.

Soñó con una casa que no recordaba y sin embargo allí estaban sus padres, y su marido, y los niños, y su amiga, y más personas que no reconocía que la trataban con familiaridad, y ella misma en una edad indefinible, sometida a sus padres como una niña pero arropando en la cama a su hija pequeña como hace muchos años, rezando juntas una oración que era como una canción en un idioma extraño, y la niña con los ojos muy abiertos hacia el techo entre desvalida y resignada, y luego cada vez más cerrados, durmiéndose.

Soñó muchas cosas más, escaleras que no se dejan subir, las piernas pesadas despegándose con esfuerzo de cada escalón y arriba el llanto de un niño que le llama, en una lengua desconocida, calles oscuras por las que debe seguir avanzando, rincones apartados donde juega a solas un juego que no conoce.

Cuando se despertó debían de haber pasado bastantes horas, la tarde ya muy avanzada. Le dolía un poco el cuerpo por la postura encajada entre las vías y las traviesas. Supo que volvería al día siguiente, al mismo sitio. Hacía mucho tiempo, no recordaba ya desde cuándo, que no dormía tan bien.

Verano

la existencia son unas vacaciones de la nada

Ella (2)

Las busqué a las dos


la que podría ser


la que era


Y a las dos perdí en el mismo


instante del encuentro


la que fue


la que habría sido


Qué extraño esto de encontrar


para perder


lo que por buscarlo


está perdido

30.10.10

CONTADME HOY

Tened presente el hambre, Miguel Hernández


Yo, Precario Sanz, sucesivamente despedido y contratado con menos derechos cada vez, también he parado, contadme. El rotundo silencio de este amanecer, se ha hecho también con el mío, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Subcontratada Sánchez, peonza de todos los caminos de cuya nómina sorben todos los pistoleros, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Itinerante Ruiz, nómada por doce horas subterráneas, electricista o profesor, por cuatro, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Temporera Pérez, que concentro en contratos de dos horas la tarea que debe hacerse en ocho, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Autónomo Gutiérrez, dueño único de mi hambre, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Mínima Bermúdez, mínima seiscientas treinta y tres veces, con treinta céntimos, trabajadora agrícola por todo el día, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Subsidiario González, perceptor de una Beneficencia decimonónica de 420 euros, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Becaria Rodríguez, experta en todas las incertidumbres, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Embargado Rupérez, aplastado por una hipoteca, imposibilitado para el descuento de una jornada de huelga, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Simpapeles García, asistenta que no consta en lugar alguno de trabajo, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Yo, Parcial Fernández, expulsado de toda protección social, supérstite humano gracias a contribuciones en especie, también he hecho este silencio, pero nadie lo habrá contado.

Contadme, el sol, que sale para todos, hoy ha hablado más claro, gracias al rotundo silencio de este amanecer, que también se ha hecho con el mío. Contadme hoy, 29 de septiembre de 2010.


Mª Ángeles Maeso